martes, 2 de diciembre de 2008

Una Causa, Un Morelos- Crónica-Por: Juan Carlos Orozco García

Diez minutos antes de las diez y nueve horas del día sábado treinta de agosto del dos mil ocho, me bajé del auto con mi amigo frente a las instalaciones del PRI; empezamos a caminar directo hacia el punto de partida, que era a las afueras de los centros comerciales de Costco y Mega Comercial Mexicana. Mientras caminábamos, veía frente a nosotros y a nuestras espaldas, bastante gente reuniéndose. Cinco minutos antes del inicio de la marcha llegábamos al puente que, subimos, y vi una multitud que jamás había visto en mi vida; fue ahí que por primera vez en el día, sentí el primer escalofrío.
Desde el viaducto se contemplaba, una cantidad numerosa de personas; la mayoría de la gente llevaba puesta una camisa que resaltaba el color blanco, que era una de las principales ideas para el movimiento. A las siete en punto comenzó el recorrido, y mi amigo y yo nos unimos a los pocos segundos.
Un mil pies blanco
Al principio nos encontrábamos en la cola; me impactó la coordinación de la gente que nunca antes había estado junta, parecían un mil pies caminado en un jardín hacia su destino. Mientras andábamos, me percaté de que estábamos mezclados con gente muy diferente ha nosotros y muy distinta entre ellos mismos. Me refiero a las clases sociales, a las edades e inclusive a las nacionalidades; alta, baja, media, ancianos, niños, bebes, jóvenes, gordos, flacos, chaparros, altos y unos americanos. Me pareció algo increíble, algo nuevo para mi persona. Lo único parecido a esto fue un partido de la selección mexicana en el estadio azteca, y sin duda no era el mismo sentimiento.


A mitad del destino
Pasados ya treinta minutos y casi a la mitad del recorrido y de la misma multitud, en la esquina de Calzada Leandro Valle muy cerca de la tienda Hunter Douglas, una señora estaba regalando velas para las personas que se les había olvidado o no tenían en ese momento. Me pareció un detalle muy atinado y muy noble de su parte. Siguiendo la trayectoria llamó mi atención un número de personas, que no estaban en el grupo, observaban la marcha y en cierto modo, la apoyaban. Había varias paradas, que hacia el organizador Miguel Ángel Bracamontes Baz para que se tomaran fotografías y video, algo que a mi no me parecía en lo absoluto, porque en mi opinión personal quitaba inspiración y ritmo.
Ya cerca del final, y muy cerca de la punta del grupo, observé a una señora que tenía una especie de letrero por adelante y por atrás; este letrero tenía enfrente una frase fuerte que decía: “Con la vara que midan serán medidos” y por el lado trasero, “pena de muerte”, unas frases duras, pero realistas. Otras personas llevaban unas camisas con la famosa frase que expresó el señor Martí en la reunión que hubo hace pocos días, que dice: “Si no pueden, renuncien”. Más adelante otro manifestante tenía una hoja que decía “No a la violencia, por tus hijos”. Palabras que con toda honestidad, jamás se me hubieran ocurrido, pero que me impulsaban a caminar con fuerza y más entusiasmo.
Posando para la foto
Poquito después de las veinte horas, y de una larga caminata, se llegó a una fuente chica, mal pintada donde ya se veía el letrero que indicaba que el zócalo estaba cerca. En esta fuente hubo una parada en donde, se tomaron fotos y video por casi cinco minutos, y un breve descanso. Los olores de la marcha se presentaron después de los primeros minutos; ya no olía a perfume o loción de varias personas si no que se intensificó el olor a sobaco, sudor, etc. Jamás en mi vida había olido tal combinación de olor y tal cantidad de flashes de cámara que por un momento me marearon.
Quince minutos después se llegó cerca de la esquina de la tienda llamada Eléctrica Herrera; mientras caía la noche, más flashes se observaban, más se intensificaba la gente y más emocionado me ponía. Muy cerca del zócalo otras amables personas obsequiaron botellas de agua a la multitud, que fue muy importante para hidratarse. Poco después llegamos al último paso, al destino final.
Destino final
Veinte horas con diez y siete minutos, se alcanzó al zócalo; al llegar se escuchaban tambores, bombos, gritos y cantos fuertes de pájaros en los árboles. Otra manifestación se llevaba a cabo, la de los maestros; se veían repetidas carpas, que decían: “Rechazo total alianza Gordillo-Calderón”. Pero algo sorprendente ocurrió, se manifestó el silencio posteriormente, y en un impresionante gesto los maestros nos levantaban sus lonas para que pudiéramos pasar. Me imaginé que pudiera haber un problema mayor, que no nos dejarían pasar o algún conflicto, pero todo fue a la inversa. Veinte horas con veinte minutos, última parada.
Se corría la voz de que faltaban pocos minutos para el himno nacional, para la unión, para terminar lo que se emprendió. Me empezaba a poner ansioso, la gente se ponía a la espera. “Dos minutos” se voceaba por todos lados; se encabezaron a prender las velas y en ese momento el zócalo se iluminó. Veinte horas treinta minutos, se empezó a cantar el himno nacional; se oía un poco desentonado, pero lo importante es que retumbaba. Al finalizar el himno nacional. El cielo empezó a tronar y todos empezaron a gritar: “México”, “No más violencia”, “queremos paz”, “si se puede” y “unidos somos más”. En ese momento recordé lo que sentí en la cima del puente al ver a la multitud, estuve a punto de soltar lágrimas, se me puso la piel chinita como vulgarmente se dice y entonces ahí entendí la magnitud de lo que acababa de vivir. Antes de retirarnos, dejamos las velas en el asta bandera para que dieran luz hasta que se finalizara la mecha.

Final feliz, futuro incierto
Lo que viví el treinta de agosto del dos mil ocho, fue un destello de esperanza; ojalá y los altos gobernantes de los estados y del país tomen cartas en el asunto, aunque lo dudo. Bert Brecht dice: “Muchos jueces son absolutamente incorruptibles, nadie puede inducirles a hacer justicia”. Espero no sea el caso; el pasado sábado nunca se olvidará; que esta marcha se mencione en los libros, que se hagan documentales etc. “Algún día la paz tendrá distintos colores”, ya se empezó con el blanco, ahora solo falta esperar que color mostrará el futuro.





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